Si bien Netflix llevó la manosfera al televisor del comedor a través de la serie “Adolescencia”, su estudio lleva años siendo un favorito entre los investigadores sociales.
Primero porque es un fenómeno creciente, segundo porque resulta fascinante para el público y tercero por el peligro inminente que representa. La incitación a la violencia entre las filas de la manosfera ha ocasionado varias matanzas colectivas (Habib et al, 2022; Rollano et al, 2026).
Si ya se ha escrito mucho sobre esto, ¿por qué ahondar? Porque está en permanente evolución, porque es un fenómeno psicológico y social que afecta individual y colectivamente a muchas personas, y porque, a pesar de las investigaciones, no hay mediciones completas y actuales, ni teorías avaladas que den respuesta a todo lo que pasa. Parece que sólo hay hipótesis y estudios parciales.
Por lo tanto, vale la pena revisar qué se sabe, qué se supone, dónde podríamos estar parados y qué se necesita saber. ¡A eso vamos!
Para Ribeiro et al (2020), la manosfera es un conglomerado de movimientos misóginos basados en la web y centrados en “los asuntos de los hombres”. A continuación, estos autores indican que constituye una red débilmente conectada de subreddits, blogs, canales de YouTube y foros.
A pesar de ser referida frecuentemente como un colectivo, resulta interesante destacar que la manosfera se compone de cuatro subgrupos ideológicamente distintos (Lilly, 2016; Ribeiro et al, 2020; Habib et al, 2022; Rollano et al, 2026):
De acuerdo a Lilly (2016), mientras las dos primeras comunidades ven la crisis de masculinidad en su contexto dentro de la sociedad (que está “crecientemente feminizada”), las dos últimas ven la crisis en los hombres mismos.
Estas comunidades se integran como parte de la manosfera ya que comparten rasgos como la comprobada prevalencia de la misoginia (en especial, la presencia de vocabulario derogatorio y deshumanizante hacia mujeres y niñas), la incitación y justificación de la violencia hacia la mujer, y la victimización del hombre (Krendel et al, 2022; de Roos et al, 2024; Rollano et al, 2026).
Diagrama de Venn de las características de la Manosfera. Adaptación propia sobre Rollano et al (2026).
*AWALT es All women are like that (todas las mujeres son así).
La manosfera no es ni fue nunca estática. En uno de los estudios cuantitativos más amplios, Ribeiro et al (2020) revisaron 6,7 millones de publicaciones y encontraron que, si bien muchos miembros pertenecen a más de una comunidad, había un flujo de MRA y PUA a MGTOW e Incels.
Los autores concluyen su estudio clasificando a las comunidades según sus niveles de toxicidad y misoginia, con MGTOW e Incels en la parte superior, los MRA en un nivel intermedio y los PUA en la parte inferior o menos tóxica (con matices).
Pero estamos hablando de un artículo de 2020. Desde entonces, la manosfera siguió evolucionando.
Evolución de la cantidad de publicaciones y de cuentas activas en cada momento en los subreddits desde 2008 a 2019, base 100. Adaptación propia de Ribeiro et al (2020)
La manosfera mantiene su coherencia ideológica en torno a dos ejes temáticos: el acoso hacia las mujeres y el desarrollo de un discurso que presenta al feminismo como una amenaza para los hombres. (Hopton & Langer, 2021).
Es decir que, por un lado, los miembros asumirían un rol de acosadores y, por otro, de víctimas. En las investigaciones de Rollano et al (2026) surge con fuerza esta posición victimista, que no es nueva, pero se ha acentuado.
No es el único cambio que configura a la neo-manosfera. Gerrand et al (2025) presentan otros cuatro ejes de evolución muy interesantes que vale la pena analizar.
1. Origen y expansión cultural (Gamergate y ecosistema digital)
La manosfera actual se consolida a partir del hashtag #Gamergate, que empezó como la denuncia contra una diseñadora de videojuegos y se expandió con mensajes de acoso y descalificación a todas ellas. Se generó así un modus operandi coordinado:
Estos entornos asociados al gaming siguen operando como infraestructuras de radicalización, facilitando el reclutamiento y la circulación de ideologías misóginas (Gerrand et al, 2025).
2. Monetización y lógica de “grift”
En segundo lugar, la manosfera debe entenderse en el marco de la cultura influencer, donde emerge como un sistema de monetización de la inseguridad masculina.
Los llamados manfluencers construyen narrativas de amenaza (centradas en la pérdida de estatus de los hombres) y se posicionan como “la solución”, promoviendo cursos y libros de autooptimización, éxito económico o la disciplina personal. O sea, es un negocio.
3. Diversificación ideológica y cultural
La neo-manosfera ha dado lugar a nuevas comunidades:
Esta heterogeneidad no elimina las jerarquías internas —particularmente raciales y de género—, pero sí evidencia una expansión hacia distintos públicos.
4. Convergencia con otras ideologías extremas (y rol de algoritmos)
Finalmente, Gerrand et al (2025) subrayan la creciente convergencia entre la manosfera y otras ideologías extremas, proceso facilitado por los algoritmos de las plataformas digitales.
Las comunidades incels, en particular, funcionan como puntos de entrada hacia discursos más radicalizados, en un ecosistema donde contenidos misóginos, conspirativos y de extrema derecha se superponen y refuerzan mutuamente.
Esta dinámica de “contagio ideológico” aumenta la radicalización y dificulta la solución.
Conclusión
Esta expansión de la manosfera nos lleva a pensar que ya no es un fenómeno de nicho ni sólo cultural o ideológico, sino que tiene una estructura económica, política y tecnológica que capitaliza el malestar masculino en contextos de incertidumbre social, cambio de roles y caída del trabajo.
Y el malestar masculino encuentra un extremo en los incels, el grupo más violento dentro del colectivo.
“Incel” es un acrónimo formado a partir de “célibe involuntario”, utilizado para referirse a una subcultura en línea en crecimiento.
Esta subcultura está compuesta en su mayoría por hombres jóvenes europeos y norteamericanos que son incapaces de entablar una relación sexual con una mujer, a pesar de desearlo (Solea & Sugiura, 2023).
En general, adoptan una visión determinista para explicar sus experiencias negativas en este ámbito: creen que la mayoría de las mujeres solo se sienten atraídas por una pequeña minoría de hombres, concretamente los más atractivos y exitosos. Como resultado, los incels quedan relegados a una vida sin sexo, según las investigaciones de estos autores.
Es el momento de incorporar otros conceptos ampliamente citados en la manosfera: la pastilla roja (red pill) y la pastilla negra (black pill).
Solea & Sugiura (2023) explican que la ideología red pill, que articula a los distintos grupos de la manosfera, sostiene que permite “despertar” a los hombres frente a un supuesto proceso de adoctrinamiento feminista de la sociedad. El concepto proviene de la película Matrix, donde la red pill permitía ver la verdad.
En contraste, la black pill es central en el sistema de creencias incel y postula que los hombres considerados poco atractivos no pueden superar los límites de la jerarquía sociosexual que los excluye, viéndose así condenados a una existencia inevitablemente frustrada debido al rechazo y los privilegios de las mujeres (Solea & Sugiura, 2023). Según ellos, esta selectividad del género femenino los priva de una masculinidad que legítimamente les correspondería.
Un ejemplo central de la creencia incel es el concepto de lookism, que se refiere al prejuicio o discriminación basado en la apariencia física, especialmente cuando esta se considera por debajo de los estándares sociales de belleza.
Dentro de la incelosfera, se percibe a las mujeres como inherentemente lookistas, priorizando a los hombres en función de características físicas asociadas a la masculinidad alfa y, en consecuencia, excluyendo y discriminando a la mayoría de los hombres (Solea & Sugiura, 2023).
Por lo tanto, los incels tienden a creer que nada de lo que hagan podría mejorar su situación (es decir, ni ir al gimnasio o cuidar su apariencia), y de hecho, cualquier intento en ese sentido suele ser condenado por otros incels (De Roos et al, 2024).
Estas creencias se traducen en una visión rígida y jerárquica de la sociedad, donde los incels se ubican a sí mismos en la base, los hombres deseables (“machos alfa” o “Chads”) en la cima, y todos los demás (“Normies”) en el medio (Scaptura & Boyle, 2020).
Estas creencias se traducen en actitudes misóginas y hostiles y, en su extremo, en ataques violentos que tienen específicamente como objetivo a las mujeres (Green et al., 2023; Rollano et al, 2026).
Solea & Sugiura (2023) profundizan el análisis para señalar que las creencias y los niveles de toxicidad de los incels varían según la plataforma utilizada, lo que influye en el contenido que publican, el grado de misoginia y odio que expresan, y los tipos de daño que propagan.
Es que las plataformas mainstream cuentan con políticas más estrictas y están sujetas a cierto nivel de moderación, aunque se benefician de una mayor visibilidad; en cambio, las plataformas y foros marginales —especialmente aquellos dedicados a comunidades incel y misóginas— son más aislados y suelen carecer de moderación, lo que da lugar a discursos y contenidos más tóxicos y misóginos. Las plataformas mainstream suelen ser puerta de entrada a los reductos menos visibles de la comunidad.
Sea que entren por uno u otro camino, los jóvenes ingresan a la comunidad incel con un alto uso de lenguaje de ira y de discurso violento/extremista. Curiosamente, estabilizan el tono acorde con el grupo cuando alcanzan aceptación, según demostró un estudio de De Roos et al (2024). Este ingreso con lenguaje extremista sugiere posibilidad de que los incels no necesariamente se radicalizan dentro de estos foros, sino que se integran a ellos con un malestar emocional preexistente, dicen estos autores.
Además, es posible que aquellos miembros que permanecen activos durante períodos prolongados en la comunidad encuentren el apoyo social y la camaradería que motivaron su ingreso inicial. Incluso si ese no fue su objetivo principal, podrían experimentar estos beneficios con el tiempo. Esta identificación grupal emergente podría mitigar el malestar emocional inicial, dando lugar a la estabilización observada en semanas posteriores, argumentan De Roos et al (2024). Pero, aunque la identificación prolongada con el grupo puede atenuar el aumento inicial de emociones, también podría indicar un mayor riesgo de radicalización silenciosa, lo que exige una vigilancia cuidadosa.
El fenómeno es complejo y no sólo responde a la dinámica de grupo de pertenencia sino también al de influencia. Algunos estudios han demostrado que cuanto mayor es la cantidad de manfluencers que los jóvenes siguen, mayor es la probabilidad de que sostengan visiones deshumanizantes sobre las mujeres. En dos experimentos que manipularon la exposición a contenido ficticio y radicalizado de manfluencers, los investigadores encontraron que los hombres jóvenes expuestos a dicho contenido desarrollaban mayor desconfianza hacia las mujeres y adoptaban actitudes más misóginas en comparación con un grupo de control (Renström & Bäck, 2024).
Un análisis realizado por Vallerga y Zurbriggen (2022) sobre dos foros online (The Red Pill e Incel) les permitió a los citados autores elaborar el mapa temático que antecede.
El esencialismo de género implica que estas personas creen que hay diferencias biológicas, innatas e inmutables que llevan a todos los hombres a comportarse de cierto modo y a todas las mujeres a comportarse de otro, de donde surge el nivel de Actitudes y creencias.
Como resultado, algunos miembros de la manosfera apelarán a «soluciones» de auto-mejora comercializadas por manfluencers, pero otros, especialmente en grupos incels, buscarán la «black pill» (darse por vencido y suicidio) o llevarán su ira en actos de violencia on y offline contra mujeres.
De las teorías, las creencias y valores surgen comportamientos que no operan en forma aislada, sino que aparecen coordinados como estrategias.
Rollano et al (2026) detallan estas tácticas, agrupándolas bajo el título de Prácticas de Cohesión Misógina. Es importante repasarlas para reconocerlas:
Convengamos entonces que estamos frente a un fenómeno que ha dejado de ser de nicho, que usa un discurso de violencia y ejerce acciones coordinadas para ejecutar esa violencia, especialmente en el ámbito online pero también eventualmente offline, como se ha mostrado hasta este punto. ¿Constituye esto extremismo?
«Las comunidades alojadas en plataformas en línea se han convertido ahora en un mecanismo central para reclutar y organizar a individuos vulnerables en grupos extremistas», aseguran Habib et al (2022, p. 1), para luego explicar que la radicalización es un proceso social complejo en el que un individuo adopta ideologías extremas con resultados potencialmente violentos.
Tras efectuar esta afirmación, los autores se nutren de modelos de creación y expansión del extremismo ideológico como Meloy y VERA-2 e identifican ocho «warning behaviors» que se pueden medir en textos: fijación (obsesión con temas como el feminismo), agravio (quejas por injusticias reales o imaginadas), poder (palabras de control), ira (palabras agresivas), vista negativa (sentimientos malos), toxicidad (lenguaje de odio), identificación con el grupo propio («nosotros”) y con el grupo enemigo («ellos»).
Entre las conclusiones, Habib et al (2022) resaltan que el solo hecho de unirse a la manosfera, aunque sea una vez, sube mucho la fijación (+65%) y toxicidad (+24%), lo que empeora con posteos repetidos. Y todo el efecto se multiplica ante la acción de los manfluencers reclutadores: si un líder conocido de la comunidad recluta a un joven, la fijación de este sube +150%. Todos los demás parámetros también se ven aumentados, lo que conduce a un escenario de ideología extremista.
De Roos et al (2024), analizan el fenómeno de la radicalización desde adentro. Una vulnerabilidad significativa dentro de esta subcultura es el concepto de victimización interpersonal, señalan, lo que implica que los individuos se perciben a sí mismos como víctimas y, posteriormente, convierten esa condición en un componente central de su identidad.
Esta percepción de marginación y victimización puede actuar como un precursor del proceso de radicalización, en estrecha consonancia con las etapas iniciales de diversas teorías sobre radicalización en línea.
El apoyo social de otros incels en foros en línea puede impulsar a un individuo con tendencias extremistas a pasar de fantasear con la violencia —y expresarlo en esos espacios— a concretar actos violentos en la vida real (De Roos et al, 2024). Lo que es más, una buena parte de la sociedad que no participa activamente en la manosfera no condena sino que llega a simpatizar con el discurso de victimización e injusticia percibida (Rollano et al, 2026), llevando el fenómeno a una expansión insospechada.
Dicho de otro modo, ¿es posible que no sólo estemos ante un caso de extremismo, sino de un movimiento radicalizado con apoyo popular y capacidad de accionar?
La misoginia y el discurso dañino dirigido hacia las mujeres en entornos online van en aumento, aunque este fenómeno no se limita a la manosfera ni a la incelosfera, ni puede atribuirse exclusivamente a ellas.
Solea & Sugiura (2023) analizaron las experiencias de las mujeres en diversas plataformas mainstream y sostienen que no sólo se ven mensajes altamente amenazantes y cargados de odio, sino también formas cotidianas de misoginia de baja intensidad, que desempeñan un papel clave en la desensibilización y normalización del abuso y del discurso dañino dirigido hacia las mujeres, en lo que se ha dado en llamar el “continuo de la violencia sexual”.
Así, los mensajes abusivos en entornos online generan consecuencias emocionales y físicas significativas para las mujeres, en una dimensión cotidiana que ellas deben gestionar. Esto constituye una vulneración de sus derechos civiles, al comprometer su ciudadanía digital, su salud y su libertad.
Las mujeres no son las únicas víctimas. Los discursos de odio apuntan especialmente a la comunidad LGBTIQ+, con las personas transgénero como principales víctimas.
Pero los autores también cuestionan las dinámicas intragénero en los hombres. En efecto, en la manosfera se establecen jerarquías de masculinidades (alfas, betas o normies e incels), donde los betas son despreciados y los incels son cosificados por sus pares.
De este modo, la manosfera termina estirando su largo brazo para tocar y cuestionar todas las formas de existencia humana.
El espacio digital, la IA y los algoritmos que los gobiernan son los grandes amplificadores de este fenómeno. En el nuevo paradigma de la inteligencia artificial, las vidas online y offline se entrelazan con mayor intensidad, y los algoritmos —junto con sus lógicas de IA— participan en la creación y expansión de contenidos misóginos (Copley, 2026).
Es que los algoritmos de las plataformas mainstream deberían ser examinados con mayor detenimiento, prestando especial atención a cómo dirigen a varones jóvenes que experimentan soledad y rechazo romántico hacia la retórica incel.
Dado que el “terrorismo misógino” ha sido observado como un factor que alimenta episodios de violencia masiva, la existencia de un circuito de radicalización asociado al contenido incel subraya la urgencia de monitorear y abordar este fenómeno en etapas tempranas, incluso en redes sociales no específicamente vinculadas a esta comunidad.
Comprender los estados emocionales de los individuos antes de su participación en estos espacios podría contribuir al diseño de intervenciones orientadas a prevenir la radicalización.
Una posible línea de acción consiste en revisar los algoritmos de internet para intentar limitar la viralización de contenido incel extremista.
En esta misma línea, sería aconsejable pensar en el desarrollo de recursos de salud mental accesibles para quienes pasan largos períodos en línea, en aislamiento y experimentando afecto negativo.
Abordar estos fenómenos requiere un enfoque multifacético que no solo contemple la identificación e intervención en individuos en riesgo de radicalización, sino también el tratamiento de las causas estructurales de la misoginia y la construcción de la victimización dentro de esta comunidad.
Y aquí surge otro problema: el análisis de trayectoria revela que la exposición a contenido sexista incrementa con el tiempo el contacto con contenido de extrema derecha. El fenómeno de la manosfera, entonces, termina siendo funcional para un ala política en crecimiento. Esta funcionalidad podría operar en dos sentidos: como aglutinador del descontento social (votos) y como desviación de atención para lo que, presumo, podría ser para muchos la causa real de este descontento (la falta de expectativas y de oportunidades reales de crecimiento personal dentro del sistema económico).
Esta hipótesis personal y el ecosistema total de la manosfera con todas las posibles teorías aplicables deberían ser objeto de una investigación actual, completa, que incluya una mirada estructural que contemple el rol de las plataformas digitales, los algoritmos y las condiciones socioeconómicas que hacen posible su expansión.
Como expuse en “Acerca de”, no soy partidario del uso indiscriminado de IA, pero no hay por qué negar que en ciertos casos resulta útil. En este artículo:
Perplexity IA permitió distinguir los artículos más significativos (con estudios cuantitativos) de los que sólo analizaban otras fuentes. A partir de ahí, algunos artículos remitieron a otros que consulté.
Gemini me permitió entender los casos de análisis estadísticos complejos que de momento están fuera de mi alcance. También contribuyó a la adaptación de imágenes.
La redacción es propia.
Cannito, M. & Ferrero Camoletto, R. (2022). The Rules of Attraction: An Empirical Critique of Pseudoscientific Theories about Sex in the Manosphere. Sexes 2022, 3(4), 593-607.
Copley, C.; Luger, J.; Thomas, L.& Dilaver, O. (2026). The political geographies of AI and the manosphere. Political Geography, volumen 125, march 2026.
De Roos, M.; Veldhuizen-Ochodničanová, L. & Hanna, A. (2024). The Angry Echo Chamber: A Study of Extremist and Emotional Language Changes in Incel Communities Over Time. Journal of Interpersonal Violence 2024, Vol. 39(21-22) 4573–4597.
Gerrand, V.; Ging, D.; Roose, J. & Flood, M. (2025). Mapping the Neo-Manosphere(s): New Directions for Research. Men and Masculinities 2025, Vol. 0(0) 1–22.
Habib, H.; Srinivasan, P. & Nithyanand. R. (2022). Making a Radical Misogynist. Proc. ACM Hum.-Comput. Interact.6, CSCW2, Article 450 (November 2022), 28 pages.
Hopton, K. & Langer, S. (2021). Kick the XX out of your life: An analysis of the manosphere’s discursive constructions of gender on Twitter. Feminism & Psychology. 32. 095935352110334. 10.1177/09593535211033461.
Krendel, A., McGlashan, M., & Koller, V. (forthcoming 2022). The representation of gendered social actors across five manosphere communities on Reddit. Corpora, 17(2).
Lilly, M. (2016). The World is Not a Safe Place for Men: The Representational Politics of the Manosphere. Thesis, University of Ottawa.
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