El fenómeno Therian no es nuevo. Desde el Antiguo Egipto y en diversas culturas la humanidad exploró el concepto de la unión humano-animal. Pero internet posibilitó que personas que compartían la misma experiencia formaran comunidades online a partir de 1993 (Grivell et al, 2014; Clegg et al, 2019).
El algoritmo de las redes sociales, que siempre aprovecha y expone lo fascinante y diferente para generar adicción dopamínica, puso la luz en los therians a partir de 2025.
Y la política de derecha utilizó el fenómeno para atacar a la comunidad LGBTIQ+ y, en particular, a las personas transgénero. Lo hizo ridiculizando y deshumanizando estas identidades sin exploración científica real.
Más allá de esto y de que es una comunidad pequeña, el fenómeno Therian nos impulsa a analizar un aspecto central de la psicología humana: la construcción del yo. ¡A eso vamos!
El término Therian proviene del griego therianthropy, que alude a la combinación entre humano y animal. En el uso actual, describe a personas que tienen una identificación interna con un animal no humano, sin que externamente sientan que hay una transformación física real (Grivell et al, 2014; Clegg et al, 2019).
En efecto, las investigaciones señalan que, en la mayoría de los casos estudiados, las personas mantienen conciencia de su condición humana y diferencian su identidad interna de la realidad biológica.
Los therians se diferencian del fandom furry en que estos siguen expresiones recreativas y artísticas vinculadas a personajes humanos con rasgos humanos, sin involucrar a la identidad.
Los Therians también se distinguen de la terianthropía clínica en la conciencia que tienen del cuerpo y de la realidad. Aunque internamente se sienten animales (en todo o parte del tiempo), los therians saben que su cuerpo es humano.
En cambio, en psiquiatría y neuropsicología existe la “teriantropía clínica” (también asociada a “licantropía clínica”), que sí es un fenómeno clínico raro. En él, la persona sostiene de forma delirante que se transforma o es un animal en sentido literal.
Una revisión sistemática reciente identificó sólo 77 casos publicados en la literatura (casos clínicos) de teriantropía clínica, donde las condiciones asociadas incluyeron trastornos psicóticos (41%), depresión psicótica (24%), trastorno bipolar (18%) y síndrome de Cotard (12%), mientras que un 16% presentó conductas de violencia física dirigida hacia otros (Blom & Sharpless, 2025).
No es el caso de los therians.
Un toque de humor dentro del uso en redes del tema. Extraído de Facebook
Los estudios llevados a cabo sobre la comunidad Therian han sido pequeños en tamaño y escasos en cantidad. Se puede citar el de Grivell et al (2014), que consistió en sólo cinco entrevistas en profundidad a miembros cuya elección fue al azar entre voluntarios de distintas comunidades Therian de Estados Unidos y el Reino Unido. Entretanto, Clegg et al (2019) realizaron un estudio que involucró a 112 therians. Hablaré después de ese trabajo. En cuanto al primero, lo que este estudio reflejó consistentemente fue que los therians tienen:
Todos los participantes parecían haber llegado a cierto nivel de aceptación de su identidad como therians hacia el final de la adolescencia o en la adultez temprana. Esto se alinea con las etapas del desarrollo psicosocial según las cuales la construcción de la identidad se centra en la adolescencia y la adultez temprana (Berzonsky y Luyckx, 2008).
Veamos cómo un therian expone su realidad:
“Incluso [la frase] “me identifico como caballo” no logra captar el significado que intento transmitir, porque “identificarse” es un proceso activo de autorreconocimiento, un acto (no un estado inherente del ser). Expresa el reconocimiento de mí mismo como no humano, pero no aclara que se trata del reconocimiento de una condición innata de ser, una facticidad de la experiencia, no elegida. Tampoco describe cómo soy lo que soy, cómo me experimento a mí mismo como lo que soy, ni las formas en que lo equino impregna, define y caracteriza cada aspecto de mi vida para mí. “Identificarse como” también sugiere que he elegido o decidido verme de esta manera, cuando en realidad no es así.” (Nøkken, 2018, p. 7)
Por otro lado, el estudio de Clegg et al (2019) partió de una base más interesante. Estos autores sostienen que la “dicotomía entre patologizar y normalizar las experiencias therian necesita ser abordada, en parte, considerando el bienestar y la salud mental de quienes se identifican de este modo”. Con ese objetivo, examinaron el bienestar psicológico, la esquizotipia (una dimensión de la personalidad asociada a la propensión a la esquizofrenia, pero también vinculada con altos niveles de creatividad en muestras no clínicas), y el autismo en una muestra de therians y no therians.
Los resultados muestran diferencias claras entre ambas comunidades. En términos concretos, quienes se identifican como therians tienen 3,6 veces más probabilidades de haber recibido un diagnóstico de salud mental y casi 6 veces más probabilidades de presentar niveles elevados de rasgos autistas en comparación con los no therians. Además, obtienen puntajes más altos en experiencias inusuales y anhedonia introvertida. Estas variables —especialmente las experiencias inusuales— resultan ser buenos indicadores para diferenciar entre ambos grupos, con un nivel de acierto general cercano al 78%.
En cuanto al bienestar, los resultados fueron más complejos. Los therians muestran niveles más bajos en relaciones positivas con el entorno, lo que sugiere mayores dificultades en la interacción social y en el ajuste a contextos sociales. Sin embargo, no presentan diferencias en dimensiones como autoaceptación, crecimiento personal o propósito en la vida. De hecho, reportan mayor autonomía que los no therians. Esto indica que, aunque pueden enfrentar desafíos en el plano social, su desarrollo personal y sentido de sí mismos no se ven necesariamente afectados.
Un hallazgo particularmente relevante es que la identidad therian parece funcionar como un factor protector en ciertos aspectos. Mientras que en personas no therians los niveles altos de rasgos autistas o de anhedonia introvertida suelen asociarse con menor autonomía, en los therians esta relación se debilita: logran mantener niveles de autonomía relativamente estables independientemente de esos rasgos. En otras palabras, ser therian parece amortiguar el impacto negativo de ciertas características psicológicas sobre la percepción de independencia personal (Clegg et al, 2019).
En conjunto, estos resultados sugieren que las principales dificultades de los therians se concentran en el ámbito de las relaciones sociales, posiblemente debido tanto a diferencias cognitivas como a factores sociales, como la estigmatización o la necesidad de ocultar aspectos de su identidad. Sin embargo, esto no implica un funcionamiento psicológico globalmente deficitario.
Como conclusión, el estudio cuestiona la tendencia a patologizar la teriantropía. Si bien existen indicadores de mayor vulnerabilidad en algunas áreas, los therians muestran niveles comparables —e incluso superiores en autonomía— en dimensiones clave del bienestar. Esto sugiere que su identidad puede operar como un marco que les permite organizar y dar sentido a sus experiencias de manera coherente.
Es generalmente aceptado en la psicología clínica que en la adolescencia, las personas ensayan diferentes «yo» para diferenciarse de sus figuras de autoridad, en lo que comúnmente es una etapa transitoria de experimentación identitaria que muchas veces se ve exacerbada por la necesidad de pertenencia a un grupo o comunidad.
Esta exploración podría ser especialmente profunda en las personas del espectro autista, que suelen procesar sensaciones de forma mucho más intensa que los neurotípicos.
¿Es entonces la identidad therian un refugio, una moda o una identidad verdadera? Seguramente no hay una respuesta única para todos los sujetos. Después de todo, la construcción del yo es un proceso único. Desde afuera, es analizado y juzgado con las normas de un tiempo y lugar (por ejemplo, los países de Occidente en 2026), pero esa misma evaluación habría sido diferente en el Antiguo Egipto.
Entonces, ¿qué debemos hacer con la persona therian? Ver las señales. Cuando son compatibles con exploración / identidad / pertenencia, y no desorganiza la vida ni conduce a ruptura con la realidad (saben que no hay transformación física), el fenómeno debería ser respetado como una forma personalísima de entender el self. Puede, incluso, contribuir a sostener el bienestar en contextos sociales que tienden a excluir lo no normativo, como demostraron Clegg et al (2019).
En esta línea, el Colegio de Psicólogos de Colombia ha señalado en un Comunicado a la Opinión Pública: “No existe evidencia científica suficiente para clasificar el «therianismo» como una patología mental per se” (Colpsic, 2026).
¿Estás de acuerdo?
La teriantropía abre un campo de análisis que exige repensar con solidez los supuestos filosóficos, científicos y psicológicos que sostienen la noción de identidad humana. Plantea interrogantes centrales: qué entendemos por “lo humano”, si se trata de una condición biológica dada o de una construcción cultural, y cómo se configura el yo en relación con sus propios límites, incluidos los límites de la especie. Lejos de ser marginales, estas preguntas son estructurales.
En este sentido, los therians evidencian que el yo no es solo una categoría abstracta, sino una experiencia subjetiva concreta. Al hacerlo, muestran que dicha experiencia puede adoptar configuraciones que desafían los marcos racionales tradicionales sobre los que se organiza y legitima la cultura.
Futuras investigaciones deberían profundizar en estos procesos y en cómo interactúan los factores psicológicos y socioculturales en la construcción del bienestar. Entretanto, quizá sería positivo analizar, ayudar y dejar vivir.
Como expuse en “Acerca de”, no soy partidario del uso indiscriminado de IA, pero no hay por qué negar que en ciertos casos resulta útil. En este artículo:
Google Académico arrojó cuatro artículos útiles.
Perplexity IA aportó ocho, incluyendo a los anteriores.
Nanobanana generó la imagen del hero.
Gemini respondió dudas sobre el uso de WordPress y citas APA.
Todo el material fue leído y analizado de forma personal. La redacción es propia.
Berzonsky, Michael (2008). Identity formation: The role of identity processing style and cognitive processes, Personality and Individual Differences, Volume 44, Issue 3, 2008, Pages 645-655, ISSN 0191-8869
Black, Gray (2023). Therians: An Anthrozoomorphic Scapegoat. Political Theology Network.
Blom, J. D., & Sharpless, B. A. (2025). A systematic review on clinical therianthropy and a proposal to conceptualize zoomorphism as a diagnostic spectrum. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. doi:10.1016/j.neubiorev.2025.106193.
Clegg, H.; Collings, R. & Roxburgh, E. (2019). Therianthropy: Wellbeing, Schizotypy, and Autism in Individuals Who Self-Identify as Non-Human. Publicado en la Revista Society & Animals, Volume 27, Issue 4.
COLPSIC (Colegio Colombiano de Psicólogos). (2026). Colpsic hace algunas recomendaciones para comprender a personas con identidad “therian” y su abordaje en Salud Mental.
Grivell, T.; Clegg, H. & Roxburgh, E. (2014). An Interpretative Phenomenological Analysis of Identity in the Therian Community. Publicado en An International Journal of Theory and Research, Volume 14, 2014 – Issue 2
Nøkken, J. (2018). The Political Ecology of Representing Other-Than-Human Identities: Finding Language and Symbols for the Otherkin/Therian Community. Editado por Gutter Dog. Recuperado el 20/10/25. Academia.edu.
Rivera Cano, Jesús (2026). Los Therian: Un Análisis Psicológico. Identidad, Salud Mental y Fenomenología de la Teriantropía. ResearchGate.